
La inmigración constituye un fenómeno social complejo por sus causas y sus consecuencias, por sus orígenes y sus destinos, y por los desafíos que plantean tanto a las sociedades de donde proceden los inmigrantes como a aquellas donde se asientan; pero con mayor o menor intensidad según los momentos históricos, en todas las sociedades ha habido movimientos migratorios, interiores y exteriores, y por esa razón todas las sociedades contemporáneas son sociedades mixtas y plurales, que se han ido formando con la sedimentación de sucesivas corrientes migratorias sobre un territorio determinado.
Los inmigrantes, por lo menos en su fase inicial, viven contemporáneamente en dos espacios territoriales, generando valores y problemas en los dos ámbitos. En el país de origen abandonan su mercado laboral, creando un déficit conocido como "Brain drain" (huida de cerebros), que es compensado con las remesas económicas. En el país de destino, los inmigrantes, en su mayoría en edad activa, ocupan lugares de producción y generan un beneficio a las sociedades de acogida. Al mismo tiempo la llegada de inmigrantes, si no está programada y ordenada crea una serie de desajustes sociales en las sociedades de acogida y una sensación de "invasión" debido a la escasa preparación para la inclusión de los recién llegados.
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